Diana Rojas marca distancia de Alejandro Eder en medio del desgaste de la Alcaldía de Cali

La reciente reaparición pública de Diana Rojas no pasó desapercibida en el escenario político caleño. Sus declaraciones contra el alcalde Alejandro Eder, más que una simple crítica, han encendido el debate sobre las verdaderas motivaciones detrás de su distanciamiento: ¿inconformidad legítima o cálculo político en un momento clave?

Rojas, quien jugó un papel determinante en la campaña de 2023 al respaldar a Eder en la recta final, ahora asegura que su apoyo no fue reconocido. “Fui determinante para su elección y ni las gracias me dio”, afirmó en entrevista, dejando ver una ruptura total con quien fue su aliado político. Sin embargo, el contexto en el que surgen estas declaraciones resulta clave para entender el trasfondo.

En los últimos meses, la administración de Eder ha venido enfrentando un desgaste progresivo en su imagen ante la ciudadanía. Diversos sectores en Cali han manifestado inconformidad por lo que consideran una falta de cercanía con la gente, dificultades en la gestión y una percepción de gobierno distante. Es precisamente en este escenario donde Rojas decide tomar la palabra y fijar una posición crítica.

Durante la campaña, su respaldo fue estratégico para frenar el avance de Roberto Ortiz y consolidar la victoria de Eder. En ese momento, la alianza representaba una apuesta conjunta por el futuro de la ciudad. Hoy, ese mismo vínculo es presentado por Rojas como un error político marcado por la ingenuidad, al confiar —según sus propias palabras— sin garantías formales de participación en el gobierno.

El giro en su discurso no solo redefine su relación con la actual administración, sino que también reconfigura su posicionamiento político. Al tomar distancia en medio del desgaste del gobierno local, Rojas evita asumir costos políticos y se proyecta como una figura independiente, capaz de capitalizar el descontento ciudadano.

A esto se suma la influencia del exalcalde Maurice Armitage, figura clave en las decisiones políticas de Rojas y quien podría volver a jugar un rol importante en futuras elecciones. Este factor refuerza la idea de que el movimiento de la exconcejal no ocurre en el vacío, sino dentro de una estrategia más amplia de reconfiguración de fuerzas.

Más allá de las declaraciones, lo cierto es que el episodio refleja una constante en la política local: las alianzas son tan fuertes como los resultados que producen. Cuando estos comienzan a debilitarse, también lo hacen los respaldos.

En ese sentido, la postura de Diana Rojas puede leerse como una jugada anticipada. No solo marca una ruptura con la administración actual, sino que abre la puerta a una nueva narrativa política en la ciudad, donde buscará reposicionarse sin cargar con el desgaste del gobierno de turno.

En Cali, donde el clima político cambia con rapidez, este tipo de movimientos no son casuales. Son, más bien, señales de que la carrera por el poder ya empezó a reconfigurarse.

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