
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, ha construido una realidad política inquietante: un gobierno municipal que opera como extensión de los intereses de la gobernación del Valle y de los sectores más acaudalados. Su alianza con la gobernadora Dilian Francisca Toro trasciende lo político para convertirse en una maquinaria de contratación, redistribución de recursos y consolidación de poder.
La Tercerización del Gobierno Municipal
El corazón de esta estrategia radica en la sistemática transferencia de funciones y recursos desde la Alcaldía de Cali hacia dos entidades descentralizadas departamentales: Recreavalle y el Fondo Mixto de Cultura del Valle. Al menos 35 contratos han sido canalizados hacia estas entidades, desviando la ejecución directa que correspondería a la administración municipal.
Más de $92.000 millones de pesos —cercanos a los cien mil millones— han sido trasladados para su manejo desde la Plazoleta de San Francisco, sede de la Gobernación, en lugar de ejecutarse desde el Centro Administrativo Municipal (CAM). Esta cifra monumental plantea una pregunta incómoda: ¿por qué desviar recursos que legalmente corresponden a la administración municipal?
El Catálogo de la Delegación
El alcance de esta tercerización es total y abarca áreas sensibles de la administración pública:
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Cultura: La ejecución del Festival Petronio Álvarez y casi todos los festivales culturales de la ciudad.
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Política Social: La implementación de la política pública Afro.
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Deporte: La contratación de monitores deportivos.
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Logística y pedagogía: Organización de eventos e incluso charlas pedagógicas.
Esta descentralización inversa —de lo municipal hacia lo departamental— vacía de contenido la autonomía de la Alcaldía y concentra el poder real en la Gobernación.
La Sombra de la Ambición Electoral
La temporalidad de estos movimientos financieros es reveladora. Esta masiva transferencia de recursos coincide sospechosamente con el ciclo preelectoral. La pregunta que recorre los pasillos políticos es inevitable: ¿Son estos $92.000 millones un mecanismo para «aceitar» las maquinarias políticas y financiar candidaturas aliadas de cara a las elecciones de marzo?
La duda es legítima. Cuando grandes volúmenes de dinero público se desvían de su canal natural de ejecución hacia entidades controladas por el aliado político, se borran las líneas entre la administración pública y el proselitismo.
Conclusión: Un Cambio de Sede del Poder
Lo único que ha quedado claro en estos dos años es un triste paradigma: en Cali ya no se gobierna desde el CAM. El verdadero centro de mando se ha desplazado a la Plazoleta de San Francisco. La alianza Eder-Toro ha demostrado ser, por encima de todo, una sociedad para la redistribución de contratos, el fortalecimiento de una red política y la consolidación de un poder que prioriza los intereses de una élite sobre las necesidades de una ciudad que clama por atención directa y transparente.
Esta no es solo una alianza política; es un modelo de gobernanza donde los recursos de los caleños se administran desde fuera, para beneficiar proyectos de poder que poco tienen que ver con el bienestar colectivo. El 2025 de Alejandro Eder quedará marcado no por obras transformadoras para todos, sino por haber sido el año en que oficializó la tercerización de Cali.