La Prisa Indecente: Eder y Dilian, ¿Fideicomisos para el Caos y Fracaso Propio?

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Una revelación inquietante surge en medio del pantano institucional que ahoga a Cali y al Valle: la sospechosa prisa con la que el alcalde Alejandro Eder y la gobernadora Dilian Francisca Toro intentan traspasar la capacidad financiera de la región a actores externos, a través de mecanismos como fideicomisos. Esta maniobra no es una simple estrategia administrativa; es el reconocimiento tácito y estruendoso de su propio fracaso.

Mientras el presidente Gustavo Petro denuncia conspiraciones contra la democracia, en el ámbito local se teje otra conspiración, más concreta y letal: la conspiración contra el futuro del Valle del Cauca. La prisa por crear estructuras paralelas para manejar recursos responde a un hecho irrefutable, señalado incluso por el Gobierno Nacional: estas administraciones son insolventes e inhábiles.

El departamento y el municipio no tienen capacidad de endeudamiento. Punto. Y la cofinanciación clave para obras vitales, como el anhelado Tren de Crecenías, no se firmó por una razón que debería causar indignación masiva: porque Eder y Dilian no fueron capaces de ofrecer las garantías mínimas al Gobierno Nacional.

He aquí el cinismo en su máxima expresión:

Fracasan en la gestión básica de sus finanzas y en construir credibilidad institucional.
Incumplen con las condiciones para traer recursos de inversión nacional que transformarían la movilidad regional.
Como solución, proponen desprenderse del control sobre lo poco que queda, entregándoselo a «terceros» en una figura opaca, mientras culpan a otros de sus propias incapacidades.

La advertencia del ciudadano Kevin Gómez es profética: «Que el sueño del Tren de Cercanías no se nos vaya a volver una pesadilla». Y la pesadilla ya comenzó. No con descarrilamientos, sino con la estación de salida de un viaje hacia la entrega de la soberanía presupuestal, manejado por dos administraciones que han demostrado, con hechos y no con palabras, su incompetencia para gobernar.

Estamos ante un intento de legalizar la renuncia a gobernar. De convertir la quiebra de la confianza en un negocio para intermediarios. Mientras Cali se paraliza sin contralor y sin presupuesto legítimo, y el Valle ve escapar inversiones históricas, sus máximos mandatarios buscan, con prisa indecente, firmar el acta de su propia irrelevancia y la entrega del futuro regional.

El mensaje para los vallecaucanos es claro: exijamos cuentas sobre estos fideicomisos de la derrota. No permitamos que la incapacidad de hoy se convierta en la hipoteca irrevocable del mañana. El sueño del tren no puede naufragar en el puerto de la mediocridad y la mala fe de quienes, ante su fracaso, solo atinan a repartir lo que ya no saben administrar.

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